04.Ciencia del blasón

Cuándo comenzó la Ciencia Heráldica?

He aquí una pregunta de difícil contestación dado que se ignora la fecha exacta del comienzo de la ciencia heráldica. Esta se basa en unos hechos que se van produciendo desde la más remota antiguedad hasta que se van sujetando a un estado de Orden y es así como aparecen ciertas reglas que conceden a la heráldica su carácter científico. Ciertamente, en los primeros tiempos de la historia de la Humanidad, en las lejanas Edades en las que el hombre aún no se había constituido en núcleos de población, hablar de heráldica sería totalmente absurdo. Tuvo que llegar una cierta civilización formando primero los grupos de sacerdotes y guerreros, es decir, los grados, para que surgiera lo que podríamos denominar como una incipiente heráldica, o lo que es lo mismo, la necedidad de adoptar ciertos signos para distinguirse unos de otros. Naturalmente no es concehible imaginar al hombre de la Edad de Piedra preocupado por alcanzar un blasón que le identificase como el primero en hazañas cinegéticas o también guerreras…

En las Cruzadas hizo su aparicion el blasón como la representación gráfica de los hechos llevados a cabo, la insignia que muestra ante todos el honor de aquel que lo posee y que, con posterioridad, van heredando todos los de su linaje. Es por eso que la Heráldica como Ciencia del blasón aparece con toda su fuerza en las Cruzadas. Lo que viene después la herencia de aquellos signos y distintivos por parte de los hijos, o las familias de aquel que los conquistó por sus hechos de armas. Este carácter ya se va trasmitiendo en tiempos posteriores, pero la heráldica como ciencia deja de basarse únicamente en los guerreros para extenderse en otros campos. En la sociedad, conforme el progreso se manifiesta, aparecen los hombres que tanto en el estudio como en la Ciencia llevan a cabo asombrosas conquistas y los reyes comprendiendo que tales esfuerzos hay que dignificarlos, no son reacios a otorgar nuevos títulos de nobleza, de tal forma que el escudo se diversifica, ya no sólo es la representación de las victorias bélicas, sino que también es el emblema del talento o las virtudes del ser humano. El sabio, el hombre de letras, el sacerdote, alcanzan sus propios blasones. La Heráldica, nacida en el escudo del guerrero se extiende hasta el punto de que, con el tiempo, va naciendo, aparte de la religiosa, otro tipo de heráldica, como la comercial, la deportiva, la que distingue a las profesiones, etc.

Esto produce que la afición a esta ciencia y al estudio de la misma sea cada día mayor y ya no se trata solamente de conocer aquello que nuestros antepasados nos legaron, sino estudiar asimismo todo cuanto se relacione con La Heráldica. ¿Quién no ha deseado conocer los orígenes de su apellido? Al entrar en posesión de este conocimiento, penetramos también en la historia.

Conocer el mundo heráldico es algo apasionante, por las múltiples facetas que en el mismo se encierran. No sólo las naciones sino los pueblos poseen sus propios escudos y no deja de ser interesante saber como los conquistaron, qué significan y qué derecho tienen a ostentaros

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