EJEA DE LOS CABALLEROS

De oro, jinete montado sobre un caballo blanco que porta un estandarte. Bordura de plata que lleva escrita la leyenda siguiente: “Sello de la Villa de Ejea de los Caballeros”.

Ejea de los Caballeros es una de las poblaciones más populosas, no sólo de Zaragoza, sino de todo Aragón con sus más de 15.000 habitantes.

Se considera a Ejea la capital de la comarca de las Cinco Villas, formada por la emblemáticas y monumentales poblaciones de Sos del Rey Católico, Uncastillo, Sádaba, Tauste y Ejea de los Caballeros.

Se sitúa en el norte de Zaragoza, en esa lengua de tierra de forma triangular que la provincia de Zaragoza ocupa entre Navarra y Huesca. En concreto, esta villa ocupa un punto de transición entre las llanadas zaragozanas cerealistas y el Prerpirineo que empieza a percibirse algo más al norte.

El origen de la villa se retrotrae a tiempos de poblamientos celtibéricos, más tarde dominados por los romanos que llamaron a este asentamiento “Segia” que estuvo comunicado por calzadas con otras ciudades romanas de máxima importancia como Caesaraugusta (Zaragoza) y Pompaelo (Pamplona).La riqueza cerealista de este territorio animó a los musulmanes a establecerse aquí y ejercer una fuerte oposición a los cristianos del norte hasta sucumbir al empuje de Alfonso I el Batallador en el año de 1105, alcanzando gran esplendor durante los siglos XII y XIII, antes de que la reconquista aragonesa y catalana llevaran las fronteras al Mediterráneo.

Monumentos de Ejea de los Caballeros

Los principales monumentos de Ejea de los Caballeros son sus tres iglesias: San Salvador, Santa María y Nuestra Señora de la Oliva.

Iglesia de San Salvador

La iglesia de San Salvador fue originalmente un templo románico de finales del siglo XII y comienzos del XIII (consagrada en 1222) del taller de San Juan de la Peña (o Agüero) que luego fue bastante reformado en tiempos del gótico en que se convirtió en una especie de templo-fortaleza, como se aprecia en las singulares torres fortificadas góticas (una de ellas quedó si acabar), que con sus almenas y garitones serviría de protección y vigía.

Del templo románico, lo más sobresaliente son sus dos portadas, la occidental y la del muro norte, donde se aprecian las geniales manos del Maestro -mejor deberíamos decir “taller”- de San Juan de la Peña.

La portada occidental presenta tres arquivoltas algo apuntadas y tímpano que envuelven la luz del vano dejando una entrada muy estrecha, como es habitual en este taller. El tímpano lleva una pareja de ángeles arrodillados que sostienen un crismón, como en Biota y Uncastillo.

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